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"¡Acá está Juan Moreira carajo!", historia de huesos perseguidos.

Imagen de Oscar Cusano
Vie, 30/05/2014 - 03:10 -- Oscar Cusano

“La policía financiera siguen la ruta del dinero, yo rastreo los huesos...”

La historia de los países contiene hechos puntuales que describen rasgos en común a diferentes pueblos, personajes y momentos del pasado.
Cortázar cuenta que Edgar Allan Poe utilizó su teoría periférica para descubrir un asesinato ocurrido muchos años atrás sólo utilizando periódicos antiguos, increíblemente así desenmascaró al verdadero culpable cuando halló en una de las noticias publicadas en el apartado de objetos perdidos días posteriores al crimen, un velero abandonado a unos kilómetros del escenario.
Era la embarcación del novio de la víctima quien no pudo explicar que hacía el barco en ese lugar.
Poe vio donde nadie supo mirar, así de simple.

Tiempo después aparecería la “Teoría de los Polisistemas” publicado por el profesor Itamar Even Zohar, 1993, incorporando nuevos significados a los eventos históricos-sociales, a la lingüística y la literatura.
Los antecedentes de la teoría vienen del Círculo de Praga y luego, hacia 1920 en el formalismo ruso, Tinianov afirmaba: “La literatura debía ser estudiada en términos de relaciones y no de esencias”, es decir, como tejido de hechos relacionados entre sí.
Es esta misma interrelación de los acontecimientos que relataré, lo que me atrajo.

Las hazañas que envuelven a la vida y trágica muerte de Juan Moreira (apellido oriundo de Galicia, de donde una rama pasó a Andalucía, probó su nobleza en la Orden de Calatrava, en el año de 1691) se debaten en distintas versiones, el expediente judicial lo conceptúa como un bárbaro carnicero que no dudaba en matar a quien se le cruzara, hábil cuchillero, y de carácter efusivo y desafiante.
Otros lo describen como una persona tímida, bien vestida y de buen trato.
Don Eleuterio Urquiza, natural de la localidad de Montoneros, Tucumán, era el fundador del pueblo de "Los Toldos", (donde nació Eva Duarte, Evita) y fue un escritor que conoció a Juan Moreira. Subrayó de él: "Lo conocí bastante porque estuvo quince días en mi posada, en él no noté ningún rastro de hombre criminal, lo único que lo delataba como un individuo de pelea era que siempre estaba armado hasta los dientes, tenía un cuchillo que lo llamaba caronero.”

Sin embargo, los estudios actuales dicen que no nació en “La Matanza”, (nótese el nombre, el vaticinio, el augurio, era el lugar donde se sacrificaba el ganado vacuno) sino en San José de Flores; que no se llamaba Juan Moreira sino que fue bautizado como Juan Gregorio Blanco, en 1819, (la más antigua aparición del apellido Blanco procede de las montañas de León, en la raya de Asturias, y es opinión de autorizados tratadistas que su antigüedad se remonta al siglo XIII, los individuos de ese solar leonés se extendieron por León, Asturias, Galicia, Castilla la Vieja y Vascongadas, fundando nuevos solares, de los que salieron líneas que más tarde pasaron a América).
Era hijo del gallego Mateo Blanco, un temible “mazorquero” que fue fusilado cuando entregó la orden que el Brigadier Juan Manuel Rosas le hizo llevar en mano a su propio verdugo, (Los Ortiz de Rozas, procedían del Valle del Soba, provincia de Burgos, el dictador se cambió la “Z” por la “S” para sonar menos español).
Por eso la madre le cambió el nombre al niño, para ocultar su apellido y resguardarlo.
Criado en las labores del campo, fue domador de potros y arriero, luego se mudó a Navarro donde se casó con Vicenta Andrea Santillán, alcanzando a tener su propio terreno con varias ovejas y vacas.
Muy apreciado por los terratenientes “autonomistas” del caudillismo de la zona, lo nombraron policía pero él nunca usó el uniforme.
Allí mismo comenzaron sus problemas.
Para casarse debía sacar un permiso de fiesta que no tramitó, aún consta la multa de 500 pesos que sirvieron para construir una iglesia, (nótese la intencionalidad de las leyes y la utilización final de los fondos).
Un día, el gringo Scardetti le debía 10.000 pesos, ya sea por un trabajo que le encargó el italiano, o porque Moreira le prestó el dinero, la cuestión es que el gaucho fue a denunciar a su jefe policial el incumplimiento de su deuda.
Imaginemos la sorpresa y furia cuando le exhibieron un recibo firmado por él mismo, analfabeto como era, ni siquiera sabía firmar, así que negó dicho papel a puro grito pelado.
El resultado no se hizo esperar, el funcionario lo puso preso y con cepo, por mentiroso.
Apenas salió de la comisaría encaró al deudor y lo zurció con diez puñaladas, una por cada mil prestados, de ahí en adelante siguió el derrotero que emprenden los criminales o los que están dispuestos a no dejarse pisotear por el estado o los mal nacidos que se aprovechan de la corrupción, o los que la ignoran y permiten su status quo.
Lo demás son cuentos chinos, digan lo que digan, me da igual.
Cualquier ser humano que resuelva enfrentar hasta el límite de su propia vida ese sistema de privilegios, será muerto, detenido o encerrado por perturbación mental, todos, y cuando digo todos no me equivoco, ya sea por un palmo de tierra en disputa, un impuesto o millonarias estafas.
Juan Moreira terminó enfrentándose a una partida de 25 policías en un prostíbulo de la localidad de Lobos, “La Estrella”, el 30 de abril de 1874.
Dirigidos por el comandante Bosch, entre ellos estaba Enrique O'Gorman, fundador luego de la academia de policía de Buenos Aires y hermano de la famosa Camila, fusilada por Rosas en el octavo mes de su embarazo a los 20 años, tras huir con Ladislao Gutiérrez, sacerdote jesuita de su parroquia.
Juan los peleó a todos juntos y consiguió abrirse paso hasta la pared del fondo cuando fue atravesado por la espalda con la bayoneta del sargento Chirino, Moreira giró y alcanzó a arrancarle el ojo de un tiro y cortarle cuatro dedos.
Casi lo logra, le tenían pánico. Tenía 48 años.
Hasta aquí una simple anécdota de la provincia de Buenos Aires, pero, siempre hay un pero...

Los entresijos de la historia:
Es aquí donde vi algo que no puedo describir, desconozco la forma en que se unieron los personajes reales, intento comprender si hay algo detrás o no.
Lo explicaré para que el estimado lector lo razone y me ayude.
El profesional que hizo la autopsia del cadáver de Moreira, el Dr. Eulogio Mármol, contó 29 heridas de arma blanca, 24 en el tórax.
Años después, pudo quedarse con la calavera del forajido al vencer el plazo de su tumba sin que nadie reclamara el cuerpo.
El médico conservó la calavera para ciertos estudios de moda sobre la tipología física y su relación con los delincuentes, hasta que un día la regaló a su colega y socio, el Dr. Tomás Liberato Perón, quien se la cedió a su viuda Doña Dominga Dutey Cirus, quien a su vez la dejó en herencia a su hijo, Mario Tomás Perón, el padre de Juan Domingo Perón, tres veces presidente de la argentina nada menos, quien convivió hasta su muerte con Juana Sosa, cuyo padre, Irineo Sosa, futuro abuelo de Perón, había sido amigo y compañero de aventuras de Juan Moreira, varias evidencias lo confirman.
Viendo que el niño Juan Domingo utilizaba el cráneo para asustar a las mujeres, y como consecuencia de haberla dejado caer y rompérsele varios dientes y huesos, Don Mario decidió donarla al Museo de Luján, en 1928.
El pequeño enojado dijo: ¡tanto revuelo por unos huesos!.
Pero, ¿cómo se acercan los destinos?
El 24 de mayo de 1973 se estrenó la película “Juan Moreira” del director Leonardo Fabio, que acompañó a Perón en su regreso a la Argentina el día 20 de junio de 1973, y que pasó a la historia como “La masacre de Ezeiza”, al enfrentarse dos facciones del Peronismo, con el resultado de 13 muertos y 365 heridos.
Y algo más terrorífico para finalizar, el 10 de junio de 1987 el cuerpo embalsamado de Perón fue víctima de un oscuro misterio: con una sierra eléctrica le cortaron las manos, así como le cuento estimado lector, iniciándose una investigación que nunca se resolvió.
Pocos días después varios políticos recibieron una carta exigiendo 8 millones de dólares por el rescate de las extremidades, estaba firmada "Hermes Lai y los 13".
¿Es curioso que se profanara el cuerpo de Eva, y se les cortara las manos a Perón y al Che?
En el libro de la Editorial Planeta, "La segunda muerte", de los periodistas David Cox y Damian Nabot, ambos sostienen que se trató de un ritual esotérico de la P2, (logia masónica liderada por Licio Celli, financista del Banco Ambrosiano, quien apareció colgado del puente de Londres, después que desaparecieran cuatrocientos millones de dólares), y cuyo enigma se remonta al Egipto Antiguo: "Hermes", dios de los muertos,"Lai" significa la rebelión en el paso de los vivos a los muertos, y "13" son las partes en que se dividen el cuerpo humano en el momento del viaje final.
Huesos, calaveras, momias, se intentaba interrumpir el tránsito hacia el más allá en venganza por viejos pactos no cumplidos.
Para otros, eran simples militares buscando repercusión o dinero. Nadie continuó el caso.
Sólo cabe mencionar que el juez que investigaba la causa, Jaime Far Suau, murió en noviembre de 1989 en un accidente de tráfico: su coche volcó en una larga recta de forma técnicamente inexplicable.
El comisario Carlos Zunino, que trabajaba con el magistrado, recibió un balazo en la cabeza, pero salvó la vida.
Paulino Lavagna, vigilante nocturno del cementerio de la Chacarita, donde se encontraba la tumba, avisó varias veces que intentaban matarle, y poco después fue asesinado a golpes.
María del Carmen Melo, una mujer que dijo haber visto a un sospechoso cerca de la tumba, también murió a golpes. Todo consta en el expediente.
Pero atención, no tengo ninguna intención política, no es lo que me interesa, lo importante es "La Historia", el resultado de la combinación de esos fragmentos, las numerosas piezas de información que nunca se estudiarán, por negligencia o por miedo.
Sin duda, el espíritu de Juan Moreira reclamaba con furia, la sangre injustamente vertida desde el pasado.
La foto tomada como veraz de su rostro, es una “interpretación” a partir de un retrato de su hijo mayor tomada en el año 1900, se le agregó barba larga y bigotes,quien la describe es Eduardo Gutiérrez, dramaturgo argentino que consiguió un éxito rotundo contando la vida del gaucho matrero, vago y mal entretenido.

Así que la imagen “supuesta” reconocida en la actualidad como real, no lo es.
El caballo overo bayo de Moreira, se lo quedó el alcalde de Lobos la misma tarde de su muerte.
Las manos de Perón jamás aparecieron.
Eva, cuyo cuerpo había desaparecido, fue devuelta en 1971, tenía rota la nariz.
Ernesto Che Guevara fue hallado en 1997, se presume que sus manos, también cortadas, las reclamó Fidel y se las entregó un activista Boliviano en un frasco de vidrio con formol varios años antes, hay una película que lo relata.
El resto de Moreira, con las profundas heridas abiertas de su destino, jamás apareció.
Juancito Moreira, su hijo, terminó trabajando para la Aduana de Buenos Aires como empleado administrativo.
Argentina está plagada de fantasmas desaparecidos por la indignidad de sus gobernantes, como lo es también España.

“La historia es una puta”, decía Perón, “se vende al mejor postor”.

El gaucho se batió una y mil veces pa´ salvar el pescuezo de los “hijo putas” que lo condenaron por ser rebelde a un sistema corrupto, mal tratador de personas, y perseguidor de pobres.

Antes de entregarse prefirió pelear hasta el final.
Antes de aparecer, hizo salir a la mujer que lo acompañaba.
Antes de cruzar la puerta les gritó a la cara:
¡Acá está Juan Moreira carajo!

Chirino nunca recibió del estado los cuarenta mil pesos de la recompensa.
Murió a los 93 años...arrepentido.