Espacio Artístico, Político y Cultural en Valencia.
“Blanc i Negre” es un espacio periodístico donde se publican...
Panorama Cultureta en un programa de Radiodifusión sobre el...
Base de datos artistas. Comunidad Comkal
Esta sección es una base de Datos donde puedes encontrar...

Contrastes de un autor

Imagen de Amparo Climent
Dom, 20/04/2014 - 05:09 -- Amparo Climent

Por Amparo Climent

Lo que un hombre quiere ser, lo que es, y lo que los condicionantes naturales le empujan a ser, muchas veces son cuestiones antagonistas, opuestas al propio sentido de la vida.

Ahora que Gabriel García Márquez ha escrito la última página en el libro de su existencia, son varios y diversos los comentarios y opiniones que se vierten en torno a él, no ya sobre su figura como literato, sino acerca de la persona, ese ser que puede perder su anacronismo o parecer injusto, pero que al fin es el que explica la realidad de lo que todos somos. Tal vez una verdad que no siempre se desvela placentera, pero que cuando es uno mismo el que la reconoce, desnuda su Yo con toda la fuerza de las propias imperfecciones (¿quién no las tiene?), más cuando en los demás aparecen los prejuicios y con ellos los enemigos de las utopías, las palabras se convierten en un golpe de soberbia hacia la tolerancia.

Me interesa la figura del escritor, su presencia literaria ajena a la imagen del hombre, sin teorizar sobre sus falencias ni conjeturar acerca de la naturaleza humana, o de su labor periodística devenida en política. En todo caso, si hubiera que profundizar en el carácter de su persona, lo haría dirigiendo la mirada hacia el poder de su ideología, como especulación en el porvenir, o hacia sus deseos de invertir el curso de la historia, su capacidad de convertir la verdad en sueño.

Una vida de ejercicio literario no se puede juzgar sin sentido común. Cien años de soledad; son cien años de literatura, cien años de interpretación del mundo a través del mismo mundo, y García Márquez lo representaba dándole la forma de su mirada y su pensamiento, nada lejos de esta realidad de adversidades y decadencias, muy cercano a las vergüenzas de todo ser humano, seguramente desinteresado en apariencias y cuestionamientos extraños a su persona.

No existe doctrina que disuada a nadie de su capacidad libre de crítica, pero cuando ésta relega o niega el valor liberador de la literatura, y del arte en general, hincando el juicio sólo en los defectos del individuo, demuestra cierto oscurantismo sobre lo que es y representa el ingenio de un autor, ajeno al portento que significa la emancipación del mismo por encima de la sociedad.

El escritor, el artista, es y existe a pesar de sí mismo, sin dictados morales de épocas o colectivos.
Al menos así es como yo lo entiendo.