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De Licántropos y desiertos...

Imagen de Oscar Cusano
Jue, 22/05/2014 - 02:03 -- Oscar Cusano

DE LICÁNTROPOS Y DESIERTOS

“¿De qué le serviría a los humanos la eternidad, si la mayoría carece de ilusión, del motor imaginativo de las ideas?”, me interrogó serio.
“No lo sé, dímelo tú, ¿de dónde provienen entonces esas ideas?”, le dije, mientras atravesábamos las dunas de Merzouga, en Marruecos.
“Ya lo hablaremos, no seas impaciente”, me respondió cortante pero sin llegar a perder la elegancia.
A pesar del frío de la noche desértica imaginé un trayecto fantástico: Persia, cerca de Damasco, Armenia, el sur de Italia, algún paraje de Andalucía, y de allí hasta la pampa bárbara.
“A pesar de avanzar, de ir más lejos, me doy cuenta que me acerco más a mi hogar”, pronuncié pacífico cuando desayunábamos.

La conversación recién pudo continuar cuando él lo quiso, varios meses después y en un bar junto a la antigua muralla árabe o lo que queda de ella.
“Merv, ¿vos naciste en Turkmenistán, es así?” pregunté.
“Esa es una apreciación muy reciente, soy Parto, al menos en mi familia siempre hemos sabido que lo éramos”, replicó.
“¿Cuando supiste de tu condición de licántropo?, es decir, esa capacidad para metamorfosearte en animales siendo inmortal, o algo parecido”
“No sé de dónde han sacado eso, en absoluto me he transformado en nada que no sea mi espíritu, siento decepcionarte amigo...”
“Bueno, en realidad yo jamás te he visto, tienes razón”
Revolviendo el café continuó:
“Hay un error muy occidental por así decirlo, pero lo comprendo, viene de Licaón, en Arcadia, apareció en un poema de Ovidio, aunque algunos se lo atribuyen a Gervase de Tilbury, un cronista del medioevo, y si bien aún no he podido encontrar un manuscrito que rastreo, yo más bien creo que esta generalización es el resultado de la ficción moderna, la bestia de Morbach, en Alemania, los acontecimientos de 1760 en Loup-Garou, Francia, los relatos de Galicia, en fin, además de machistas, no hay lobas mujeres, me parecen de muy mal gusto, perdona, tengo que manifestarlo”.
“Bueno...sí...claro, creo que por esa vía llegaron a la Argentina, aunque ya existían mitos indígenas parecidos no creas”
Su enojo me descolocó, parecía enfadado.
“De todas maneras”, reanudé, “en estos dos años hemos recorrido una preciosa aventura que debo agradecerte amigo, reconozco que sufrí bastante sobresalto las primeras veces en que salía la luna llena”.
Sonriendo estimé cambiar de tema:
“¿Conoces el dicho de esta ciudad, lo de: quedarse a la luna de Valencia”?
“Rotundamente sí, he estado aquí muchas veces y también he dormido afuera, mi puerta preferida era el Portal Nou, recuerdo que una vez el río casi nos arrastró, fue cuando la revuelta mudéjar, ¿ te lo conté?.
“Si, si, claro, es precisamente por tus relatos y la condición de inmortal que me ha permitido escribir tanto, y si bien tú nunca aceptaste que te nombrara, cosa que comprendo, es precisamente ahora que te marchas cuando necesito preguntarte más”
No había más que verle el rostro para confirmar su prisa.
“Comprende, es horrible acostumbrarse a una persona y tener que dejarle, es muy duro, créeme, es mejor así”, murmuró.
“Vale, no te critico, sólo deseo saber un poco más, no quiero aprovecharme Merv, de verdad”
“Caminemos”, agregó frunciendo el entrecejo.
“Volvamos a la luna llena, ¿que hay de cierto?”
Soltó una carcajada y su cara volvió a ser cordial.
“Es simple, fíjate que nuestra luna es capaz de mover el océano, ¿no es lógico que coincida con una especie de marea de la sangre?, también es un líquido, pero hay mucho por investigar, empieza por ahí”
Nos sentamos en el paseo del Turia, de inmediato me indicó casi molesto:
“Esas estatuas no estaban aquí, las han cambiado de sitio”, repasaba con la mirada hacia ambos lados, “Vinieron de aquél segundo puente, allá ¿ves?, estaban allí, lo recuerdo”
“No lo sabía, oye, no se te escapa nada”
“¡Te lo dije!, aprendí a querer muy bien esta ciudad, pero bueno, pregunta”
Tomé aire porque sabía que íbamos a penetrar un abismo extraordinario.

“Contengo el aliento de asimilar esa capacidad que tienes para vivir tantas vidas, lo intento, en serio, sin embargo lo que más me preocupa es entender el funcionamiento de la conciencia, pero en tu caso Merv, deseo saber cómo tomas una decisión cuando ya sabes de antemano el origen de un concepto y su desarrollo posterior, porque, ¿cuál es el tiempo real donde habita tu mente?
“Mira, no es tan difícil, el pensamiento siempre fluctúa, es increíble pero seguro es al contrario de lo que tú consideras como cierto. Como eterno que soy, sé perfectamente que he debido modificarme muchas veces, pero ustedes, como simples mortales”, me miró fijo, “oye, no lo tomes a mal por favor”.
“No, no, claro, sigue, sigue”, exclamé impaciente.
“Te decía, las personas finitas apuestan a que nada cambiará, mentalmente actúan así, eso tiene que ver con la aparente lentitud de la existencia, pero luego, cuando se les ha pasado el tiempo, cuando se aproxima el final, intuyen que ha sido todo muy rápido y se arrepienten, ¿no es sorprendente?.
“Vaya, me has dejado pasmado, es cierto”
“Escucha, en el fondo ambos dos, sólo somos emociones transitorias, también lo perpetuo varía según lo que persigas.
“ Comprendo”, balbuceé.
“Mira, hay una fenomenología en este punto, yo lo veo como una conciencia biológica, estamos acostumbrados a descartar lo físico del plano del intelecto, y no está bien porque el pensamiento depende directamente de la edad, de la reflexión que hacemos a esa edad, y si encima, a esa conciencia la queremos comparar o medir con los demás, el resultado debería ser como un acuerdo más que una eficacia, porque la temporalidad tiene más que ver con aquello que carecemos, es un juego entre la experiencia de los mayores o el vigor de la juventud, por eso nos equivocamos tanto cuando juzgamos a los otros, porque sobra o falta algo que contextualice la situación, ¿se entiende?”
“ O sea, por lo que decís, el principal conflicto es el encierro entre una idea y la edad fisiológica donde se crea esa abstracción, nunca lo había visto de esa forma, pero, cuando defendemos nuestra manera de pensar, ¿es por preservar nuestra seguridad momentánea, es mientras nos dure esa etapa, o sencillamente es una conveniencia porque no podemos ponerla al día, por conservadores?”
“Es muy largo de explicar, te lo resumiré”
Se acomodó mejor en el banco de madera.
“Lo que no me pertenece, no me conmueve, lo que está fuera de mí o no he vivido todavía, no constituye mi realidad ni representa nada para mí, así dictamina la gente su opinión desde lo interno, ésa es su escala de valores, es más, tiende a denigrar al otro por pura ignorancia, yo diría por puro aburrimiento...”, quedó callado después de sostener la O final en la boca.
“Lo extraño es aburrirse cuando se tiene tan `poco tiempo para existir, eso hasta me mueve a risa, debería ser la misma muerte lo que estimulara el impulso de la vida, lamentablemente funciona al contrario”
“Es el miedo ¿verdad?”
“Sí, lo es, sin duda, pero también la falta de inteligencia y comunicación, la civilización ha aprendido a relacionase pero no se conecta por esto mismo que te he dicho, funciona como una máscara según encaje en los intereses individuales, todo está armado para distraer y distraerse, una dulce alienación entre opresores y oprimidos, donde, en definitiva, todos están dominados por el temor”.
“De común acuerdo”
“Sí”
“Es para sentir lástima, todos sabemos todo, pero entonces, ¿ la evolución consiste simplemente en esto?, no me lo puedo creer”.
“Oye, perdona, a la especie humana no le ha ido tan mal, gracias a ese método ha conquistado el globo”
“Sí eso sí, pero este individualismo va a ponernos en jaque en breve”
“Ya, ¿y qué?, no será la primera vez, la biografía del hombre es una conquista de objetivos individuales, como tú dices, no hay nada nuevo en eso”
“Es decir que desde lo más alto a lo más bajo de la sociedad, ¿la gran mayoría delibera por dentro de la misma antigua manera?
“No, no, eso no se reflexiona, son mandatos más bien ocultos, de suponerlos se podrían cambiar”
“En una palabra, hemos elegido vivir así por una especie de obscurantismo interno, ¿eso pretendes afirmar?”
“No deja de ser un aislamiento, el egocentrismo infantil de este periodo consumista consiste en comprar y comprar, sólo es eso, pero ´déjame agregarte algo, hace mucho tiempo atrás, si bien era muy diferente, igual estaban perdidos, con otros preceptos, pero yo diría más perdidos aún”
“Eso argumentaría la esclavitud, el ideario del todopoderoso que no nos permitió sublevarnos”
“Observa un punto clave, nunca en toda la historia se ha escrito tanto sobre la libertad, sin embargo el animal más diminuto tiene incorporado este concepto y lo vive a diario, con todos los peligros que ello acarrea por supuesto, pero lo experimenta sin cavilar, sin embargo debo aclararte que ellos notan de inmediato su cautiverio cuando pierden esta condición”
Hizo una pausa y asoció.
“Amigo, ¿te das cuenta que preguntas como si el mundo hubiera comenzado contigo?, ¿quién se considera el eterno aquí?”

Realmente estaba agobiado, tenía razón, volví a cambiar de conversación.
“¿Sueñas a veces?”
“¡Seguro!, mi cerebro funciona igual, sólo que no envejece y sí se modifica más a menudo, estoy seguro”
“¿Eres feliz?”
“Lo soy por épocas, como tú”
“Nunca mejor dicho”, bromeamos.
“¿Lograste ya alcanzar ser tú mismo?”
“Me llevó siglos, pero hoy puedo afirmarlo, todos somos perezosos a la hora de aprender a ser, y lo sé porque ya no temo, no me apremian los éxitos banales del corto plazo, dejé esa sumisión por suerte”
“Quieres decir, y para no robarte más tiempo”, soltamos una risotada cómplice, “a ver si te he entendido: tú declaras que no podemos pensar nuestra irracionalidad desde lo racional, ¡pero entonces estamos perdidos Merv!, ¿cómo hallaremos alguna erudición si nuestras leyes internas nos engañan para sólo multiplicarnos?, ¡ni me atrevo pensarlo!, porque me figuro que el peor terror psicológico es esa extraña prisión, indisoluta, personal, la que nos acompañará hasta el final”
“Amigo, te estas equivocando, no es así, sabes muy bien que, como dijo Antonio, Se hace camino al andar, hay que seguir buscando donde sea, esta conversación consiste en eso, ¿no lo crees?”
“Bueno sí, debería serlo”

De pronto emergió una pausa larga.
“Sabes que debo irme, llegó la hora compañero”
“Lo sé Merv, te doy las gracias de corazón”
Nos levantamos y puso su mano en mi hombro.
“Te dejo mi pregunta favorita, no me lo digas a mi, respóndela tú mismo, ¿Eres capaz de precipitar tu propia caída para conocer tu verdad? ¿hasta dónde llegarías para encontrarla?, proclamó, y se dio la media vuelta, sin despedirse siquiera.

Por ahora yo no tengo una respuesta, exploro en soledad todas y cada una de mis dudas y sospechas, mientras trato de esquivar el serpentear de la caravana con sus camellos del olvido que nos acorrala.
Al menos sigo intentándolo, aunque reconozco haber tenido suerte al encontrarme un licántropo auténtico en el medio del desierto.
No está mal para un viajero honrado.

De regreso a casa comprendí que sólo mi amor me sostiene cuando me mira.
Mi propia inmortalidad cotidiana se cumple al compartir nuestras vidas.
Allí, soy yo, ahora, conmigo mismo... y siempre libre.

Oscar Cusano