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Filosofía y publicidad

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Jue, 03/04/2014 - 19:02 -- Amparo Climent

“El hombre que no se contenta con poco, no se contenta con nada”
(Epicuro de Samos, siglo II AC.)

En esta época que nos ha tocado vivir, todo es querer encontrar caminos rápidos que nos lleven a conseguir la felicidad o aquello que deseamos, y cada día somos bombardeados por un sinfín de consignas y lemas publicitarios, casi órdenes, que nos obligan a relacionar felicidad con consumo, enredando a los compradores con ideas engañosas y fácil literatura de creativos muy avispados en trucos promocionales.
Es curioso que detrás de cada anuncio, de cada campaña, detrás de cada frase absurda que vemos y escuchamos, se esconden las teorías de un hombre sobrio, un filósofo que defendía la búsqueda de una vida buena y feliz mediante la dirección inteligente de placeres y dolores: Epicuro de Samos.
Epicuro afirmaba que la felicidad se construye con valores sencillos, encontrando el equilibrio entre la mente y el cuerpo, distinguiendo entre aquellos apetitos naturales y necesarios, de los que son naturales pero no necesarios, y los que ni son naturales ni necesarios para el ser humano.
Él mismo y sus seguidores practicaban sus teorías, y su influencia fue poco a poco adoptada por occidente, convirtiéndose en la norma que permitiera distinguir el camino para acercarse al bienestar.
¿Y de qué forma se utilizan estas teorías en la publicidad? Es muy simple, sólo que los publicistas escogen la idea que mejor se acopla a sus intereses, y precisamente es aquella que Epicuro señala como “apetitos que no son necesarios ni naturales”, pero donde la propaganda ha encontrado una mina de oro para socavar nuestras conciencias.
Mientras tanto, nosotros, débiles espectadores, cedemos confundidos ante el mensaje que nos presentan, traspasando la idea inicial de la teoría de Epicuro hacia el objeto que nos desean vender, y que es tan fácil como: “Sólo si compras esto, podrás conseguir aquello”.
Nos dejamos embaucar por cuestiones de valor cero, ilusorio, en una creencia falsa e ineficaz que nos empuja a pensar que en el prestigio social y la búsqueda de reconocimiento se encuentra el camino fácil hacia la felicidad, y todo porque nos encandila una imagen, una música, unas palabras deliberadamente empleadas y que son el esquema del éxito de la publicidad.
Abramos la mente y démonos cuenta de que todo es mucho más simple. Aprendamos a reconocernos como lo que realmente somos, queremos y necesitamos, y no por lo que un slogan nos quiere vender. No seamos una sociedad irresponsable en una búsqueda de bienestar personal que sólo conseguirá consumidores frustrados.

Amparo Climent