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'Je suis Charlie, basque et Patricia Heras'

Imagen de Raquel Andrés Durà
Mié, 21/01/2015 - 12:44 -- Raquel Andrés Durà
je suis basque

El triste, cruel y opresor asesinato de los dibujantes del Chalie Hebdo francés ha reabierto en el mundo del periodismo un debate entre los límites -si los tiene- de la libertad de expresión. ¿Los límites quedan establecidos por los Derechos Humanos de la declaración de 1948? No está de más recordar qué decían sobre el asunto:

Por un lado: "Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de Creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia".

Por otro lado: "Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión".

Algo así como la difícil conjugación del dicho "tu libertad acaba donde empieza la del otro".

'Yo soy Patricia Heras'
"No existe peor tiranía que la ejercida a la sombra de la ley con apariencia de justicia". Esta cita de Montesquieu inicia el controvertido documental 'Ciutat morta', sobre el poco conocido 'caso 4F' de Barcelona.

El largometraje logró superar las trabas judiciales y ser emitido en la televisión catalana, TV3, aunque víctima de un recorte de 6 minutos. Después de haber sido proyectado en más de 150 espacios como casales, ateneos, bibliotecas o plazas, la difusión masiva vía televisión motivó al exjefe de información de la Guardia Urbana de Barcelona, Víctor Gibanel, a pedir -y que se lo concedieran- la censura de un fragmento donde un juez le acusa de difundir rumores falsos. Gibanel alegaba violación de su derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen.

El 'caso 4F' recuerda al del accidente del metro de Valencia de 2006: poco conocido en el resto del estado español, e incluso, borrado de la memoria -de forma consciente o no- de muchos ciudadanos de la propia ciudad y ahora resurgido gracias a la viralidad de los medios de comunicación.

En este caso, la piedra angular sobre la que gira todo es el fatal desenlace del desalojo de un centro okupado en Barcelona, donde un miembro de la Guardia Urbana de Barcelona acabó con gravísimas lesiones. Era necesario buscar un cabeza de turco, y sin pruebas, encarcelaron a tres jóvenes que estaban en el lugar, y también pidieron cárcel para otros dos solo por encontrarse en el lugar y en el momento equivocados: en el Hospital del Mar por haber sufrido un accidente en bici, donde se toparon con los policías que les acusaron de ser responsables del incidente con el Urbana. A uno de ellos le concedieron el indulto; a otra, a Patricia Heras, no. Le pidieron cuatro años y medio de cárcel, y estando en grado tres, se suicidó sin completar la condena.

'Je suis basque'
11 de enero de 2015. Manifestación en Bilbao contra la dispersión de los presos vascos bajo el lema "Now! Euskal Herrira" (Ahora a Euskal Herria). Miles de personas (se estimaron unas 80.000) marchan en lo que es, básicamente, una defensa de los derechos humanos. Familias que deben recorrer centenares e incluso mil kilómetros para ver a sus mujeres, maridos, padres, madres, hijos, hijas. Es una convocatoria ciudadana seguida por ciudadanos sin banderas partidistas.

No prohibieron la manifestación -no habrían podido, o habría causado un efecto llamada-, como había ocurrido en ocasiones anteriores. No obstante, había que tener contenta a quienes no podían aceptar el triunfo de una marcha pacífica. Horas después, la Guardia Civil detenía a doce abogados de presos políticos y se incautaba del dinero recogido por Sare -red ciudadana que trabaja a favor de los derechos humanos de los presos, exiliados y deportados vascos-, pequeñas donaciones aportadas por miles de anónimos en las calles. Robaron, amparados por la legalidad innata de su cargo, hasta 90.000 euros.

Las asociaciones de abogados europeas, el Observatorio Mundial para la Defensa de los Derechos y contra la Amenaza a los Abogados, el Colegio de Abogados de Bizkaia y el de Barcelona tacharon la actuación de la llamada 'operación mate' de "innecesaria" y "desproporcionada". También el Consejo General de la Abogacía española presentó una queja ante la Audiencia Nacional porque los arrestos "han podido afectar al derecho de defensa, no solo de los detenidos, sino también de muchos de sus clientes".

Y de ahí nació una respuesta viral: el 'Je suis Basque', que parafraseaba el atentado contra la libertad de expresión, y que se cobró vidas, en la revista satírica francesa. En esta acción concreta no hubo muertos, pero sí un ataque contra uno de los derechos fundamentales de los presos: el derecho a la defensa, así como un hachazo que buscaba minar los ánimos de los que se manifiestan, mes a mes en las calles y día a día en sus círculos, a favor de los derechos humanos.

Días después de este ataque contra la ciudadanía y de la manifestación pacífica en el centro de Bilbao, la periodista Maite Ubiria escribía en el Gara sobre el asunto la urgencia de reflexionar y "abordar cambios fundamentales" en dos ecuaciones no resueltas: "una, el equilibrio entre libertad (o, complementariamente, la igualdad o la justicia social) y seguridad; el segundo binomio se refiere a la gestión de la identidad y la multiculturalidad".

¿Dónde están los límites, pues, de la libertad de expresión? ¿Son los mismos para todos los formatos: para un diario de información, para una revista satírica, para un largometraje y para una conversación de barra de bar? Aún más importante: ¿Quién establece esos límites?

La portavoz del Gobierno español, Soraya Saénz de Santamaría, dijo en Vitoria-Gasteiz, en un acto ya de precampaña, que la Guardia Civil es "la principal garantía de la libertad en este país" (en el suyo, el de los populares, se entiende). Son los mismos que han hinchado el pecho como defensores de la libertad de expresión condenando los atentados del Charlie Hebdo han apoyado el robo del dinero recaudado por la defensa de los derechos humanos o han llevado a la Audiencia Nacional a Facu Díaz de La Tuerka por lo que también era sátira (vaya, como en el Charlie).

Y ya, hablando de juicios y concluyendo, una última duda: ¿Por qué la palabra de los 'agentes de la autoridad' siempre es más valiosa ante un juez, excepto cuando se sienta en el banquillo Esperanza Aguirre?