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Julio Cortázar: Un viaje a la otra orilla. Primera parte.

Imagen de Oscar Cusano
Dom, 09/11/2014 - 14:14 -- Oscar Cusano

Julio Cortázar: Un viaje a la otra orilla.

“La cultura es el ejercicio profundo de la identidad”
Primera parte:

Según la psiquiatría “la percepción se antepone a la interpretación”, primero observo y luego descifro lo advertido, ¿sencillo no?
Así construimos la realidad, pero… siempre hay un pero.

“Un personaje masculino llega a una hospedaje, el ama de llaves lo deja pasar porque lo conoce: su amigo vive arriba.
El personaje regresa diciendo que su camarada no contesta por lo que la mujer sube y abre la puerta de la habitación, el hombre se adelanta rápido, ella se queda en la entrada. Desde su perspectiva la figura varonil se agacha y al instante le escucha un chillido de lamento, se gira, la mira a los ojos, la señora lo observa y baja la vista hasta el pecho del amigo en su cama que tiene clavada una flecha, el hombre voltea la mirada hacia un gran ventanal abierto de par en par y ella prolonga ese recorrido visual.
_¡Le han lanzado una flecha desde fuera!_ exclama la empleada.
_¡ Es un horror!_ grita él.

“Ver la realidad” es la percepción distraída.
“Leer la realidad” consiste en la percepción aguda, la que recompone a toda la pluralidad posible de una realidad, la que determina la conciencia o el conocimiento reflexivo.

Lo sucedido verdaderamente fue que el hombre entró con una flecha oculta entre sus ropas y clavó en el pecho de quien yacía en el lecho confundiendo a la mujer.
Ese desconcierto de la apreciación sucede hasta cuando vemos una foto nuestra del pasado, o escuchamos una grabación propia que no nos lo parece.
En el mejor de los casos, aún valorando la mayor cantidad de acontecimientos externos, ¿qué sucede con una esquizofrenia, por ejemplo?.
No recuerdo el autor del cuento, ya mi memoria comienza su lento retroceso, sin embargo me sirve para introducirnos en la taxidermia de tres contenidos bien precisos del género fantástico aplicado por Julio Cortázar.
Es cuando la literatura nace de una ontología, un discernimiento donde los vocablos ocupan un lugar preciso y estudiado en un sistema de ideas para darnos un sentido.
Digo yo que algún sentido probable, al menos eso en una sociedad que se está cayendo a pedazos.

1º, Geografía de las palabras.

Necesito hablar de Saúl Yurkievich, del profesor universitario nacido en La Plata, Argentina, y fallecido en Paris en 2004.
Heredero del material literario que Cortázar le dio para que editara, publicara o destruyera después de su muerte y que nunca se deshizo de nada, como era de esperar, he deseado usurpar ser él, el otro.
De su cordura deriva mi intención, tomo su mano analítica y comienzo:

¿Por qué ciertos géneros surgen en definidas topografías del globo?
¿Qué reciprocidad o dependencia semántica existe entre lo urbano y lo rural como contexto para el escritor?

Para Yurkievich, la narrativa fantástica se aclimató en las orillas del Río de la Plata como consecuencia de la contemplación de sus aguas, doscientos kilómetros de dócil anchura casi siempre, y con olas de varios metros en sudestada, o tal vez la muy extensa llanura pampeana en cuya monótona “planicie eterna”, nótese el concepto espacio-tiempo, que invitaba a la abstracción universalista, al despegue emocional, y a las tardes de creación fabuladora o al desapego de lo real e inmediato.
Puede ser, pero creo que su segunda presunción me parece más acertada:”es el resultado de los pueblos de ultramar asentados en ciudades horizontales, llanas, sin resistencias geodésicas, sin historias épicas de donde asirse”. Aquí protesto, al menos sesenta etnias originales existían desde miles de años atrás con sus extraordinarias erudiciones, que el hombre blanco no las tuviese en cuenta es otra cosa, aunque constaban che.
Pero bueno, se conjetura que todo este entramado preparó el germen de lo fantástico nacido de una visión cosmopolita, urbanizada, no rural, con pretensiones de modernidad, sin tributos ni sumisiones al mundo fáctico, con alguna autonomía de conciencia marginal, pero por eso más sofisticada y laica.
Los que plantean esta tesis metropolitana, industrial, de ciudadano más que de campesino, creen que la ficción enigmática parte desde lo individual, no es miedo, es juguetear mentalmente con ello, es disfrutar un supuesto irreal, el temor proviene de una liturgia religiosa o su blasfemia y es colectiva, dice Saúl, y comparto.
A medida que avanzaron los paradigmas, agrego yo, el ser humano reinventó sus caprichos intelectuales, creo que antes lo hacía para escapar al miedo original de morir, ahora es peor: tiene pánico de sucumbir ante el obvio aburrimiento de una vida nada sorprendente y manipulada hasta el hartazgo.
Cuando la modernidad transmutó en pos-modernidad institucionalizada, lo novedoso se tornó conservador.
¿El viejo del barrio de Palermo, en Buenos Aires, tendrá razón?, ¿la estructura misma del universo será circular y siempre tenderá al eterno retorno?
Me viene bien, entremos al segundo tema.

2º.Borges-Cortázar
Los polos que fluctúan en una misma identidad.

La representación Borgiana de lo fantástico es ecuménica, su fuente de inspiración es “la gran memoria de la especie”, se remite al arquetipo común de las leyendas orales, a la cronología fundadora de todo relato. Para Borges lo fantástico es un modelo que le permite crear simulaciones de quimeras y pesadillas propias de la humanidad, pero siempre concebidas desde su propia álgebra secreta que nos guía.

Cortázar personifica lo fantástico psicológico, es decir, es la irrupción de las fuerzas ocultas en un orden que el lector percibe como real, normal, rutinario, incluso nos permite intuir la sagacidad de lo oculto pero sin dejarnos razonarlo.

La diferencia radica en los prototipos de uno y otro, en la entelequia que nos devuelve el espejo de sus obras, en la travesura del lenguaje empleado en ambos mundos, y si sus dualidades proyectan atmósferas fantásticas en nuestra frontera imaginativa, también nos “hacen ver” la precariedad de nuestra supuesta convicción mental de lo real. Nada es lo que parece y los dos reclaman una perspicacia psíquica que no es tal.

Borges es tradicional, repleto de metáforas ancestrales, sagrado, con rituales atávicos y profanos y su clara intencionalidad es suspendernos a una nada, o mejor dicho, a una ficción de una nada que no podremos conocer aunque nos empeñemos, y aún ubicando su texto en una contemporaneidad se valdrá de recursos sutiles o anacronismos o misticismos o alucinaciones para sacarnos de su simultaneidad y restituirnos a su terreno: la sugestión de lo eterno e incomprensible.
De estilo noble, enaltecido, con puestas de escena ejemplificadoras, su lectura sobrevive a cualquier tiempo y lugar.
Cortázar utiliza nuestro hábitat, nos aproxima, nos sitúa, hasta enrarecernos el pensamiento obligándonos a pasar su límite.
Borges es un desierto a pleno sol, Cortázar una caverna oscura, detrás de ellos el inconsciente desolador.
Borges no persigue ningún empeño, para él el mundo es una insensatez que no merece la pena, la historia del mundo es una mentira tergiversada, amañada por interés de unos seres que se creen dioses inmortales pero que se comportan como asesinos seriales de todas las vidas que pasan por su vanidad.
Ni siquiera nuestro yo está a salvo porque todos somos otros, cuando leemos a Borges todos somos Borges, y es precisamente esta imposibilidad de conocer nuestra singularidad que opta por fabular ficciones, en esa constante repetición de los otros, de nosotros mismos, donde radica nuestra batalla perdida. Nadie repara en que la población de la tierra se renueva completamente cada siglo y a pesar de eso, con todo lo que esa modificación implica, la humanidad sigue cometiendo los mismos horrores una y otra vez, si hasta nuestras propias células cambian permanentemente y nada.
Cortázar nos muestra la fisura mental de nuestra perturbación casi parapsicológica, y con ello intenta exorcizarnos de nuestros fantasmas.
Borges desea que nos perdamos en sus laberintos mentales que funcionan como esferas dentro de su universo inabarcable y atemporal.
Julio quiere que nos liberemos de la confusión, que elijamos, que lo fantástico sea un puente donde aceptar otros mundos internos desconocidos, propone la inclusión de otras existencias, nos grita: sueñen, pero bien despiertos.
Jorge Luis es una biblioteca atiborrada de conocimientos en un mundo traspapelado, y desiste de salvaguardar el tiempo circular por su propio caos.
Para Cortázar, lo fantástico consiste en revivirnos por dentro y pelear, salir de ese laberinto, de la ceguera interna que nos esclaviza.

Pasar de Borges a Cortázar es sencillamente arribar de lo teológico a lo patológico.

Sin darnos cuenta quizás… el mundo ha recorrido el mismo camino.

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En la próxima publicación:
Julio Cortázar: Un viaje a la otra orilla.
Segunda Parte.
Rayuela.
Desandar el lenguaje para recuperar otro pensamiento.