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Julio Cortázar: Un viaje a la otra orilla. Segunda Parte.

Imagen de Oscar Cusano
Sáb, 15/11/2014 - 20:45 -- Oscar Cusano

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Rayuela: Desandar el lenguaje para recuperar otro pensamiento.

-Por favor, dice Alicia al gato de Chesire,
- Podría decirme qué camino debo tomar a partir de aquí?
- Eso depende mucho del lugar a donde uno se dirija, dice el gato.
- No me importa mucho adónde sea, dice Alicia.
- Entonces tampoco importa mucho qué camino tome, dice el gato.
- …con tal que llegue a alguna parte, agrega Alicia a modo de explicación.
- Oh, seguramente llegará allí, dice el gato, si camina durante
bastante tiempo”
Lewis Carroll

En Rayuela, Julio propone la posibilidad de una lectura bifurcada, divergida: la primera composición se inicia desde el principio hasta el capítulo cincuenta y seis, el segundo modo de leerlo es desde el capítulo setenta y tres y cada final nos marca cómo continuar.
Hay dos ciudades, Paris y Buenos Aires, dos personajes, Olivieira y Traveler, dos narradores, en primera y tercera persona, dos partes, “el lado de allá” y “el lado de acá”, dos instancias, la historia y los capítulos prescindibles, dos lenguas, Castellano y Francés, según el punto, en el lado de acá es una reflexión sobre el trabajo de la lengua tanto como experiencia individual como su transferencia a lo colectivo.
Sospecho que Cortázar se preguntó: ¿Existen niveles en la lengua que van superponiéndose como finas túnicas y que terminan por integrarse en una identidad personal y luego general?, ¿Por qué transgredir la voz del lenguaje para cruzar la frontera que separa el mundo, de la ficción del mundo?, ¿Por qué Morelli utiliza la cavilación abstraída para desmontar la ilusión del lector de la novela realista?, en definitiva, ¿Por qué alterar el orden tradicional de una tendencia y volver a meditar distintos senderos?
La “contranovela” lleva un “tablero de dirección” que impide a quien la lee, advertir a simple vista cuándo terminará el texto según la opción que elija, como en la vida misma, el rumbo elegido nos dará una dinámica: están los que sobreviven como meros lectores cartesianos, o los que intentarán cruzar algunos puentes cuyos abismos desconocidos serán fruto de comprobaciones exclusivas, y sus modos y costumbres serán ínfimas o infinitas, pero siempre propias.
Intentaré desarrollarlo: Tomemos el mapa de una ciudad, nuestro hogar se halla en la casilla B2, el colegio en la C!2, la abuela en la D15, la novia en la T8, y así los lugares que deberemos alcanzar. Si marcáramos todas las vías de ida y vuelta a lo largo de nuestra vida veríamos con sorpresa que hasta los días de ocio corresponderían a una ruta bien definida, incluso en las vacaciones, ya fuera del mapa, harían sus rodeos de ida y vuelta. De esta manera funciona el lenguaje desde la infancia, con toda la carga psicológica, los automatismos de nuestros progenitores y parientes, los miedos (por dónde ir y por dónde no, según nuestros barrios mentales). La consecuencia serán las obligaciones y permisos para existir andando o regresando por nuestras calles y avenidas internas, y es por esto que el lenguaje es el mero creador de nuestro pensamiento.

Es obvio decir que si hiciéramos lo mismo con nuestros semejantes el resultado sería un entramado delineado en el mapa individual de cada uno con su propio lenguaje característico, pero es que si juntáramos la suma de todos los mapas personales, de sus lenguajes subjetivos, veríamos atónitos la conformación de ideologías colectivas girando en torno a una super estructura combinada, introducida, preparada y planificada desde la inocencia de la niñez para obedecer patrones de conducta que encajen en una aparente realidad casi autorregulada.
El simple traslado a otra ciudad, con el despliegue de su mapa en la mano, nos dará una sensación de pérdida espacial, pero también de naufragio mental momentáneo.
Pues bien, la tesis de Rayuela dice que ese lenguaje determina el pensamiento individual y social, de ahí que para intentar modificar este pensamiento haya que romper el lenguaje, por eso no persigue con su lectura una ornamentación o una moda literaria, se pretende fragmentar el mensaje instalado. En uno de los capítulos, Etiene y Perico Romero, Francia y España, discuten postulados de Morelli sobre el enunciado empleado: “… Morelli parece convencido de que si el escritor sigue sometido al lenguaje que le han vendido junto a la ropa que lleva puesta y el nombre y el bautismo y la nacionalidad, su obra no tendrá otro valor que el estético, valor que el viejo parece despreciar cada día más…”
Cuando la lengua ha configurado al individuo y su identidad, esa misma lengua conformará su organización social: “…En alguna parte es bastante explícito: según él no se puede denunciar nada si se lo hace dentro del sistema al que pertenece lo denunciado. Escribir en contra del capitalismo con el bagaje mental y el vocabulario que derivan del capitalismo, es perder el tiempo…”
Con su tablero de dirección, optando en la forma de leer, Cortázar despierta a un lector remiso haciéndolo participativo, quebrando sus hábitos educacionales, deseando que recorramos otras calles del repertorio frecuente, porque las palabras, las frases atendidas y comunicadas nos hacen comprender el estado de las cosas, es decir, el mundo, pero también son el cristal ya impuesto desde dónde miraremos ese mundo: “…y por eso el escritor tiene que incendiar el lenguaje, acabar con las formas coaguladas e ir todavía más allá…”
En “El otro cielo” de 1966 el tema es el mismo que en Rayuela, la unión o yuxtaposición de dos mundos en donde un protagonista sin nombre deambula entre una vida rutinaria y burguesa, con su novia insípida y su madre que siempre le indica lo que debe hacer en Buenos Aires, y otra existencia apasionada y Parisina, con su prostituta Josaine que conoce muy bien los placeres terrenales. En esa lucha llegamos al final cuando el personaje consiente las órdenes de su madre haciéndolo casar con Irma, mientras lo vemos tomar mate con su esposa embarazada en el lánguido jardín de su casa.
Conciente de buscar una conclusión magistral me veo imposibilitado de continuar pues debo ir a buscar a mi mujer. De regreso le cuento este pequeño sondeo sobre Julio. Amparo me mira con sus ojos expertos y me dice: “Pues muy cierto lo que dices, he salido de mi trabajo y he venido por las mismas calzadas desde hace quince años, vamos hacia el supermercado tomando la ruta que gira hacia el puente de fusta para rodar hasta casa, y he escuchado toda la tarde los mismos temas de siempre: que el gobierno esto, que mi marido aquello, que tomo muchos medicamentos, que tengo que recuperar dinero del banco, que calor frío hace hoy, ¿tienes mucha gente? ¿Tendría que esperar mucho rato?, ¡Ay! No sé que hacer para perder peso….

El mismo derrotero, la misma travesía, los mismos discursos, el mismo axioma.

Viajar de una a otra orilla del pensamiento no debe ser tan cómodo y parece que estamos condenados a la entera sumisión de nuestras palabras.
La dominación es un espantapájaros silencioso que debemos contrarrestar con rebeldía ilimitada.
Me aferré con los dedos lentamente a su brazo y señalé: “Que haya venido a buscarte desde doce mil kilómetros me hace pensar que esa meta disciplina es vulnerable, por suerte”.
Ella volteó el rostro hacia mí y respondió: “La posibilidad de que dos personas se encuentren entre siete mil millones de seres humanos, y esas dos personas lleguen a amarse, es bastante improbable, prácticamente imposible, algo que se produce por azar, estamos entonces ante un pequeño milagro. ¿Será el amor recíproco un mito?”.
Le contesté con la frase de Lewis Carroll:”…_Oh, seguramente llegará allí, dice el gato, si camina durante bastante tiempo…”
En mi opinión no es un milagro, para cruzar ese borde medular, hace falta mucha valentía y la decisión de vivir, pero en serio, sin anestesia.

En la próxima publicación:
Julio Cortázar: Un viaje a la otra orilla.
Bono plus.
Analizamos algunos cuentos que nos importan.
“… oh vanidad de creer
que se nace o se muere,
cuando lo único real es el hueco que queda en el papel…”
J.Cortázar.