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La hoguera de la sin razón.

Imagen de Oscar Cusano
Mar, 19/08/2014 - 04:06 -- Oscar Cusano

La hoguera de la sin razón: una historia para flipar.

“Ninguna otra criatura a excepción del ser humano, ha utilizado el fuego, ni siquiera en su forma más primitiva”

JA Topf e Hijos, historia de una familia “emprendedora”:

Siempre me he preguntado: ¿Cuáles son los límites de la ética humana?, ¿dónde radica el epicentro de la conciencia y su demarcación en la conducta?
Creo que un breve estudio de los extremos nos puede clarificar, al menos en parte, éstas y otras preguntas.

En 1878 se crea en Erfurt, Alemania, junto a la carretera Dreysestr 7/9, la empresa JA Topf & hijos, fundada por el maestro cervecero Jhoan Andreas Topf. Hacia 1920, toman el control sus nietos Ludwig y Ernst, para entonces la compañía se especializa en la ingeniería de calefacción, sistemas de ventilación y hornos, montando un taller de excelentes avances tecnológicos industriales.
No hay como la tecnología para mejorar la calidad de vida de nuestra especie.
Entre 1930 y 1932, la firma se ve acosada por la crisis financiera internacional, llegando casi a la quiebra, reconvirtiéndose en 1935 en una sociedad limitada y quedando Ernst como único socio general.
Todos sabemos que las grandes crisis sólo pueden ser asumidas y desafiadas por los grandes emprendedores, así que Ernst se afilia al partido Nazi, moderniza la fábrica hacia 1939 y accede al frente alemán del trabajo, por lo que alcanza un 30% de exportaciones.
No creo equivocarme al decir que JA Topfs era una de las empresas más vanguardistas del mundo, sus desafíos de diseño y creatividad técnica, los catapultaban en un permanente desafío de especialización científica.
En el invierno de 1939, se produjo una muerte masiva que la SS no pudo controlar en el campo de concentración de Buchenwald, a 20 km de la fábrica, por lo que fueron enviados los primeros hornos crematorios móviles y que eran similares a los utilizados para la eliminación de animales.
De inmediato, el ingeniero más ambicioso, Kurt Prüfer, utilizó ése modelo para diseñar  distintos equipamientos cada vez más competentes, controlando  la eficacia de sus productos, y hasta se enorgullecería de su “perpetuum mobile” para la crema cadáveres, con un dispositivo de cuatro plantas que no requería de carbón ni petróleo, pues utilizaba los mismos cuerpos para la combustión. Sin embargo este sistema nunca entró en funcionamiento, aunque fuera 12 veces hasta Auschwitz probando los otros mecanismos.
Sus tablas de dibujo tenían la marca Isis, dios egipcio que protegía a quienes inventaban algo útil para la humanidad. No hay como encomendarse a un dios para el éxito.
No existen documentos sobre empleados que se preocuparan o les llamara la atención  lo que acontecía en los campos, y las secretarias de los directores anotaban “sótanos de gas”, o “baños para actividades especiales” para referirse a las mortíferas cámaras donde morían niños, jóvenes, y adultos.
Ludwig  se suicidó al finalizar la guerra, argumentando en su carta de despedida: “Siempre fui una persona decente, todo lo contrario a un nazi. Todo el mundo lo sabe”. Y: “Nunca lo hice conscientemente y con intención de algún mal, pero me lo han hecho a mí”. Ellos pensaban en la higiene pues existía el peligro de las epidemias.
La empresa continuó hasta 1996 que se declaró en quiebra. (Sí leíste bien, 1996)
En el 2011 se reconstruyó el edificio de la administración que se convirtió en un museo, la propiedad fue comprada por el señor Helmut Goya, y los arquitectos de la obra fue la empresa Kastner Pichler Architekten, con numerosos proyectos ganados para el sector privado como estatal.

Conclusión.
Los trabajos encargados para la solución final, representaron sólo un pequeño porcentaje de su producción, no lo hicieron por dinero, ni siquiera eso, era para alcanzar la convicción de un trabajo bien hecho, casi perfecto.
Cuando las autoridades de Erfurt estuvieron al tanto de la muestra histórica, se negaron a participar de semejante compromiso argumentado: “tampoco hay que hacer una exposición sobre cada panadero que entregaba panecillos”. (Literal)
Pero al enterarse el Alcalde que la exhibición se llevaría a Washington y Paris, confirmó que sería muy bien recibida por la ciudad, tanto que debería quedar en forma permanente en la tercera planta, de donde salieron los magníficos bocetos de los increíbles ingenieros de la JP Tofs & hijos y en cuyos cajones fue encontrada una nota dirigida al partido Nazi que decía:

“Un placer poder ayudarlos”