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Las Marchas de la Dignidad no acaban en Valencia

Imagen de Raquel Andrés Durà
Lun, 17/11/2014 - 12:00 -- Raquel Andrés Durà

Personas maltratadas por el Gobierno por los recortes con la ley de la Dependencia. Otros que pagan más de lo que cobran por efectuar su trabajo. Madres a las que el tiempo no ha borrado su ímpetu por encontrar a sus hijos, robados con indecencia. Jóvenes sin futuro, trabajando -los que más- sin estabilidad, ni contrato, ni garantías sociales. Personas mayores que han luchado toda su vida por unos derechos que ahora les arrebatan, a ellos, a sus hijos, a su familia, a todos. Otros que se han quedado sin nada, a la espera agónica de una orden judicial que les arrebate una casa que han ido pagando con su esfuerzo hasta que las reformas laborales y "otros daños colaterales" les quitaron el trabajo, mientras los bancos siguen aumentando su stock de viviendas vacías y sobreviven gracias al rescate pagado por todos.
Estos son algunos de los perfiles de las personas que se reunieron en la Plaza de la Virgen el sábado pasado. Las tres columnas de las Marchas de la Dignidad del País Valencià, procedentes de Castellón, Alicante y Buñol, concluyeron después de varios días de caminata, kilómetros, proclamas, abrazos y lágrimas una reivindicación que resonó por todos los pueblos por los que transcurrieron: "Pan, trabajo, techo y dignidad".
Antes hicieron parada en la plaza de Patraix, donde se unieron todos y llegaron nuevos autocares procedentes de diversos puntos del País Valencià. También muchos valencianos se unieron a la protesta porque antes no habían podido por motivos laborales o de cualquier otro tipo. Porque la solidaridad no llega solo cuando uno es afectado, sino que se manifiesta también cuando, a nivel individual, las cosas van bien. Como clama la PAH: "Si nos tocan a una, nos tocan a todas".
Ni la lluvia ni los ayuntamientos del PP que, o bien pusieron trabas a la pernocta de los caminantes -con espacios sin paredes- o bien no les recibieron, no lograron frenar a ninguna de las columnas, gracias a la solidaridad de los colectivos sociales y personas que se implicaron con las marchas. El último día, el cansancio era patente. Después de muchas asambleas y discusiones por un mismo objetivo común, las emociones estaban a flor de piel. "Es una pena que esto acabe, porque significa volver a la puta realidad", declaraba, crudamente, uno de los caminantes que venía de la columna más lejana, Elche.
Cada columna pronunció un manifiesto en la plaza de la Virgen. Después, poco a poco los autocares fueron acogiendo a los luchadores, agotados, que todavía tenían un viaje de vuelta de un par de horas hacia sus hogares. La plaza se fue vaciando paulatinamente excepto un grupo, el de la PAH, que continuaba su encierro en la basílica para protestar por el fin de la moratoria de dos años que paralizaba los desahucios de familias en riesgo de exclusión social.
Las Marchas de la Dignidad no acaban en Valencia. Es un movimiento social que sigue y que se hará oír la semana del 24 al 29 de noviembre con las jornadas de lucha: cada día harán -haremos- una acción diferente. No es un movimiento ajeno, las Machas de la Dignidad somos todos. El último día, el 29, será una jornada multitudinaria en la que hay convocadas manifestaciones simultáneas en varias ciudades del estado español. Y después, la lucha seguirá.

Foto (primera): Pablo Miranzo

Columna de Alicante. Foto: Pablo Miranzo
Marchas de la Dignidad del País Valencià