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"Llopis", o cómo ser alguien y no morir (de asco) en el intento.

Lun, 04/05/2015 - 13:52 -- naclahuert

“Llopis” es la historia de alguien que quería ser alguien. Tu historia, la mía, la de cualquiera que, en estos tiempos convulsos -¿Cuáles no lo han sido?-, intente buscar su lugar en el mundo. Una historia que rezuma verdad, y que, como todas las historias que son verdad –que diría el Yosi- es una historia triste.

La historia de cualquiera ante la gran contradicción de nuestros días: la de que, para llegar a ser alguien, tienes que renunciar a ser tú mism@, a tus anhelos, a tus sueños, a la vida a la que realmente aspiras; la obligación de convertirte en otr@, en un producto más de una cadena en serie, en un cromo repetido, sin personalidad y sin expectativas. El sistema nos exige esa condición para ponernos en la senda del éxito, aunque luego, por lo general, nos aboque al fracaso; al fracaso cotidiano de no poder ser lo que un@ realmente es, de tener que amordazar lo que se lleva dentro. De pasar por el aro, dicho de forma simple y clara. Y, a veces, ni siquiera eso.

El magnífico texto de Xavo Giménez es un monólogo, pero no un monólogo al uso, de esos que están tan de moda. Éste no es una sucesión de chascarrillos más o menos hilvanados, sino la narración de una historia, y, si hay que situarla próxima a algún género, ese sería el esperpento. El actor nos congrega alrededor del fuego de su voz para contarnos, a través de ese recargar los rasgos grotescos y absurdos de la realidad, la vida del tal Llopis. Su relato alienta en todo momento la carcajada, pero ésta no es una risa complaciente; es una risa que surge de las miserias de la globalización, de esa esquizofrenia cultural tan empobrecedora a la que nos condena un mundo en el que siempre sonará mejor Mississipi que Massanassa. El mundo de Llopis, que es el nuestro, sólo que reflejado en un espejo cóncavo.

Xavo Giménez lo defiende sobre el escenario durante una hora larga que se nos hace muy corta. Con el único recurso de la palabra, la música y su gesto, va pintando un cuadro deformado del presente ante nuestros ojos, y convierte en espectáculo divertidísimo –por momentos hasta desternillante- la gran tragedia que encarna el pobre Llopis. Ese gran absurdo actual: que hoy, para ser alguien, no basta con ser alguien.

Si quieres ver cómo lo consigue, no tienes más que acercarte a la Sala Ultramar. Esta nueva producción de la Teta Calva estará en cartel hasta el 27 de mayo. No te la pierdas.