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Palabras y palabrejas

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Vie, 30/05/2014 - 01:07 -- Amparo Climent

¿Cuántas palabras utilizamos al hablar o escribir? Muy pocas, en comparación con la extensa colección que recogen los diccionarios, y otras muchas, miles, que de momento permanecen guardaditas en ese baúl de los misterios del lenguaje. Cerca de un millón y medio de expresiones (muchas, ¿verdad?) que esperan pacientes que llegue su turno de subir al podio del diccionario y no quedar como proscritas viviendo al margen de la ley de la RAE. La recopilación es muy curiosa, y aquí va un muestrario de algunas de ellas, verdaderas joyitas, totalmente válidas, aunque no se encuentren en la legalidad del registro del DRAE.

SESENTERO, POLIGONERO, ZASCANDILEANTE, ONCORRATÓN, ZOOGENÉTICA, PENTÁCULO, OSCILOBATIENTE, VACIABOLSILLOS, KAIKU (no, no es una marca de leche), MENUDEZ, KOSOVAR, OSTEOSÍNTESIS, y una que no sé si alguna vez llegaremos a saber pronunciarla, XOLOITZCUINTLE. Pero la lista sigue, HELIOCENTRISTA, SALMONERO, SOBREVALORACIÓN, RASCAVIDRIOS, OBCECAMIENTO, y un largo etcétera de palabrejas extrañas que su uso se nos antojaría pedante y hasta ridículo, pero que sin embargo están perfectamente construidas y podríamos utilizar con toda normalidad en nuestros diálogos cotidianos, eso sí, sin demostrar que de algunas de ellas no tenemos ni la más remota idea de su significado.

Así que vamos a lanzarnos sin miedo al océano de las palabras, y en un alarde de valor lingüístico, la próxima vez que entremos en casa y dejemos las llaves sobre esa bandejita que tienen muchos hogares en la entrada, podremos decir que estamos utilizando el “vaciabolsillos”, o cuando cojamos el chisme para limpiar la suciedad de la vitro, presumiremos de usar un “rascavidrios”, o si viajamos al País Vasco y tenemos frío y nos ponemos una chaqueta, ya no temeremos meter la pata, al decir que nos colocamos una “kaiku”, aunque algún lugareño puede pensar que vamos a ordeñar una vaca, pues también es el nombre del cuenco donde se recoge la leche.

En fin, que el idioma es maravilloso, y la gente que lo utiliza todavía más, pues son las personas las que al fin crean y utilizan las palabras en un discurrir asombroso. Lástima que algunas no consigan sobrevivir.

Amparo Climent