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Un fotógrafo del pasado

Imagen de Amparo Climent
Sáb, 03/01/2015 - 23:45 -- Amparo Climent

Es innegable la fuerza que posee una imagen, tanto como disparador de ideas y emociones, o como fuente de conocimiento, saber y comunicación.

En este siglo XXI, donde la tecnología y el poder visual dominan las comunicaciones y la información multimedia recorre el planeta en una fracción de segundo, el que seamos capaces de volver la mirada hacia los grabados e imágenes que en la antigüedad servían como base de nociones y estudios, nos abre la mente y el espíritu, y ayuda a comprender y valorar más y mejor a todos aquellos pintores y artistas que con su arte nos devuelven a la perspectiva, desconocida para la mayoría de nosotros, de nuestro pasado y nuestra historia.

Uno de estos artistas, especie de corresponsal de guerra y reportero gráfico de la antigüedad, es el pintor flamenco Antón van den Wijngaerde, o Antonio de las Viñas, según la traducción de su nombre al castellano.

Antonio de las Viñas fue pintor de cámara en la corte del rey Felipe II, y fue este monarca el que le encargó el trabajo de realizar una serie de grabados de todas las ciudades de la península en las que gobernaba. El artista ya era reconocido por sus obras donde detallaba gráficamente y de manera pormenorizada, hechos y acontecimientos bélicos, así como paisajes y descripciones urbanísticas de otras ciudades, por lo que el aval de su fama era garantía de un excelente trabajo.

De esta forma, y durante los años 1562 a 1571, Antonio de las Viñas estuvo recorriendo las tierras de las coronas de Castilla y Aragón con el fin de realizar los bocetos y dibujos de ciudades encargados por el rey. Un total de 62 grabados y dibujos panorámicos componen el legado, que junto a sus anteriores obras, supone y representa una de las producciones artísticas más sorprendentes por su calidad, belleza, y detalles descriptivos.

Ubicándonos en las representaciones realizadas en tierras valencianas, el pintor ofrece una muestra muy fiel y detallada, una cálida mirada sobre los paisajes de nuestro pasado, mostrando su lado más monumental en escenas cargadas de interés humano e histórico. Así podemos admirar junto a las vistas panorámicas de la ciudad de Valencia, con toda la extensión de su perímetro amurallado, o el magnífico paisaje de La Albufera y las tierras que la rodeaban, esos detalles minúsculos y espléndidos, a veces casi desapercibidos, que nos acercan y reencuentran con una parte de lo que como sociedad somos hoy en día.

La velocidad con que en la actualidad circulan las imágenes a través de Internet y los medios de comunicación, y la mirada aséptica con la que muchas veces las contemplamos, se derrumba, desaparece y pareciera perder todo su valor, cuando nos atrevemos a comprender la visión y ver a través de los ojos de un pintor que en el siglo XVI nos percibió como fuimos, y que hoy podemos contemplar sobrevolando el hierro y el cemento que nos rodea para, tal vez, entendernos un poco más a nosotros mismos.

Amparo Climent