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'Votaré per tu', País Valencià

Imagen de Raquel Andrés Durà
Lun, 10/11/2014 - 15:54 -- Raquel Andrés Durà
"Perquè hi haurà un dia que no podrem més i llavors ho podrem tot", Vicent Andrés Estellés

Ya conocemos las cifras: un 2,2 millones de catalanes han votado en la consulta, cuestionario o como cada uno quiera llamarlo. Porcentajes al margen, 2,2 millones de catalanes han apostado por el derecho a decidir por la vía de la desobediencia. Es difícil de cuantificar, pero muchas valencianas, alicantinos y castellonenses pasaron el fin de semana en Catalunya para vivir de cerca un proceso que ya no tiene marcha atrás. Una nueva página en la historia de la nación catalana que muchos admiramos y respetamos desde la perspectivo del pueblo agermanado que somos. De la misma manera que ellos tampoco nos olvidan.

'Votaré per tu' es la campaña 'Ara és l'hora' para animar a votar, a ejercer la democracia en su plenitud; porque, no olvidemos, por mucho que repitan desde el Gobierno central que votar es antidemocrático, no conseguirán que aceptemos una mentira por mucho que la repitan mil veces, a lo Goebbels. En ella, no se olvidaron de nosotros, los valencianos. David Fernández (CUP), ataviado con una sudadera de Antifeixistes del País Valencià, 'donaba' su acto de desobediencia a Guillem Agulló, el vecino de Burjassot doblemente asesinado, primero por un grupo de nazis y, posteriormente, por una justicia que lo disfrazó de cosas de la edad, de pelea entre chavales. David no fue el único.

Llego a Igualada y se me escapa una sonrisa de emoción, de sentirme en casa, cuando leo una de las tantas pancartas que el casal independentista de la ciudad, La Teixidora, ha colocado en la entrada por la carretera del Bruc: "Perquè hi haurà un dia que no podrem més i llavors ho podrem tot". Está en la rotonda del mítico Canaletas, donde tantos cafés han inaugurado domingos de resaca previos a aventuras por Montserrat. Desde donde ya se vislumbra esa montaña mágica catalana, allí, con las agujas ya llenas de escaladores 'matineros', allí, en pleno corazón de l'Anoia, reinan hoy, 9 de noviembre, las palabras del burjassoter Vicent Andrés Estellés.

Sigo sonriendo. Automáticamente explotan en mi cabeza las palabras de David Valls, director del documental "Què ens passa valencians?" y "Estan bojos, aquests catalans?" cuando, en la horchatería La valenciana de la calle Aribau de Barcelona y ante fartons y ensaimadas mallorquinas, exclamó: "Veus? Els Països Catalans existeixen!". Y una vez más, sin dejar el pueblo natal de Estellés, me tomo un cortado en el casal de La Teixidora y me enseñan, orgullosos y atónitos, la foto que han recibido de unos compañeros en la que aparece una pancarta colgada en una grúa, junto a la estación del metro, donde se lee: '9N Burjassot vota sí'.

El pueblo catalán no ha votado, ha decidido. Porque una democracia secuestrada por un caciquismo bipartidista ha prohibido una de sus máximas expresiones, la votación. De todos estos atracos hemos aprendido algo que, hay que reconocerlo, expresó muy bien Artur Mas en su discurso tras el 9N en Montjuïc: "Units avancem més i millor". También lo vimos en el efusivo abrazo entre el president catalán y David Fernández. Como en la voz de Ovidi Montllor resonando en los casales catalanes o la de Lluís Llach en los valencianos. Es el momento de la unión y de la participación, porque nos une mucho más que una lengua en común. Nos une la necesidad y la voluntad de un cambio de paradigma social, político y económico.

Y pese a quien le pese, muchos catalanes no han votado este 9N por la independencia, sino por el cambio. Por desestabilizar un sistema estanco y arcaico que funciona de espaldas a las personas. Ciudadanos que habrían votado 'no' hace un año, a quienes ahora la prohibición les ha llevado a desobedecer y a votar 'sí'. Muchos que, en definitiva, buscan tambalear el estado como un movimiento social más de presión ciudadana. Todos, eso sí, han actuado bajo el mismo lema: Desobeïm.