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Votar o no votar, esa no es la cuestión.

Imagen de Oscar Cusano
Jue, 24/07/2014 - 02:42 -- Oscar Cusano

Me encanta tener el privilegio de sentirme forastero por voluntad propia, especie de alienígena en tierras genuinas, y es que todos los planetas son míos porque simplemente no deseo conquistar ninguno, así he vivido siempre y me alegro de elegir esa forma de convivencia.
Nada me pertenece y sólo acompaño mi destino hacia el final del viaje, así dispongo de una preciosa libertad.
Aclarado este punto que me aparta de los intereses de la política local, he pensado en un tema recurrente del escenario Valenciano, al menos en el círculo de personas de izquierdas que conozco y que consiste en: votar o no ir a votar.
En mi caso personal ni siquiera puedo hacerlo, pero tampoco lo haría por convicción, aunque debo advertir que determinadas circunstancias extremas podrían hacerme cambiar de parecer, a mis años, los perros viejos saben cuando cambiar de hueso sin modificar su fidelidad, no es eso, lo que realmente me estimula
a escribir son algunos comentarios que leí en el face o que escuché por radio.

La verdad no es una línea recta, es una esfera:

Cuando un individuo se parapeta detrás de su idea e intenta hacerla mayoritaria, desconociendo a los otros y más allá de la contienda democrática necesaria y respetuosa, ¿qué pasa?, ¿en qué se convierte?.
En el imaginario colectivo de una sociedad, el factor determinante para ejercer el voto o no ejercerlo, proviene de muchos aspectos multidisciplinarios que la mente va labrando como auténticos, suyos, como si el universo hubiese sido creado desde el momento mismo del nacimiento de ese individuo.
En esa esfera nos movemos a diario, con millones de puntos de las más variadas similitudes y conexiones con el pasado y el futuro, nos sorprenderíamos de conocer los motivos que la gente conjura en su accionar, pero en el fondo, en ese lugar profundo de la conciencia, todos y todas saben muy bien lo que harán, sin remedio, porque la elección ha sido tomada desde otro lugar del yo más primitivo y visceral.
Nadie convence a nadie, respondemos a nuestros deseos más infantiles, y es que de todos los habitantes del mundo, sólo el ser humano ha construido como forma de vida lo que sus deseos más superficiales le dictan, haciendo que pasaran a formar parte de leyes básicas, elementales, esenciales, sólo nosotros edificamos un método absolutamente desconocido para la naturaleza, y ya sabemos que no nos va muy bien pues todo es una simple apariencia.

Los hay quienes con encendidos discursos defienden la opción de no ejercer el voto, innumerables razones de romper con un sistema capitalista agotado en sus bienes y recursos energéticos, cosa que no me cabe duda, y a los que sumaría la super estructura del patriarcado, más espeluznante aún en la manera de dominación oculta y engendradora de sumisos ignorantes de su posición.
Pero también existen votantes favorables que abanderan ecuménicos discursos proletarios, atacando verbalmente a quien adopta no practicar esa alternativa del sufragio.
Yo creo tener una actitud intermedia, quizás muy discutible por supuesto, pero a mi me sirve, me gusta, acerca las partes a un bien común.

El pont de fusta me dio la respuesta:

Un señor cantaba en medio del puente de fusta, no lo hacía muy bien, su legítima necesidad era ganar dinero para sobrevivir, no cantaba por placer, eso se lo daba el poder enviar a su nieta al colegio y que no le faltara de nada.
Su fin, su propósito cardinal era de proveerse de la energía que da el dinero, no del dinero en sí.
Como no recaudaba lo suficiente, y sabiendo que su voz no era la más adecuada, francamente horrible, se decía, se le ocurrió una idea que cuando la vi quedé maravillado por la creatividad de nuestra gente de a pie.
Fingía cantar, pero cada vez que se acercaba un grupo de extranjeros, les ofrecía el micrófono invitándolos a cantar.
De más está decir que los jóvenes sacaban sus teléfonos móviles y de inmediato comenzaban a grabarse en medio del mejor paisaje Valenciano.
El hombre de calle, el cantante callejero, había encontrado el modo de llevar a cabo su fin con un derroche de inteligencia.
Muchas veces pienso que algunos aspirantes a dirigentes o activistas deberían pegarse unas cuantas vueltas por la ciudad, se admirarían gratamente de como los vecinos solucionan sus problemas sin pedir permiso a nadie.

Votar o no votar es irrelevante si antes y después no te movilizas, si no te empeñas en tus objetivos sociales o políticos, si no haces escuchar tu voz y proteges la voz de los que no la tienen.

Luchar el día a día como si fuese el último, esa es toda nuestra batalla: la búsqueda constante de la dignidad de nuestros semejantes.
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En las próximas elecciones hay un puente que superar y deberemos cruzarlo juntos.